martes, 10 de febrero de 2015

4

Poca gente en el cafe. Habia dos parejas y Juan arrumbado en una mesa contra una ventana. Le gustaba mirar afuera de vez en cuando para hacer una pausa en el libro y poder dejar que el libro se asiente dentro suyo. Un cafe caliente y a falta de medialunas por el horario, un brownie de chocolate, bastante pasable. Afuera habia comenzado a lloviznar y ya era sabado. Juan planeaba darle un vistaso al libro un rato mas, quizas hasta la una de la mañana. Quien lo apuraba?, los empleados ya estaban haciendo el arqueo de la caja, observaban a los ultimos ocupantes del local con ganas de que se vayan. Pero las dos parejas estaban bastante acarameladas, tomados de la mano, mirandose enamorados cafe de por medio. Y Juan, en la isla junto al fugitivo, observando a los turistas, mas especificamente a Faustine. Obsesionado con Faustine. Será su Vera??. En una mirada fugaz a la ventana descansando de Morel y Faustine y la isla, a Juan le parecio ver a Vera cruzando la calle a paso veloz para escapar de la llovizna, pero no. Era otra chica. Juan ya iba por que decimo capitulo. Otro libro que no iba a pasar de esta semana.
Volvio a la lectura, pero estaba perturbado. Vera se habia cruzado en su mente y ahora solo podia pensar en ella. Era un buen momento para chequear que estaba haciendo, aun con las advertencias de sus amigos, se armo un perfil de facebook apocrifo y logra ver algunas cosas que Vera publica y asi seguirle el rastro. Saco su telefono y vio que apenas habia una linea de señal, y ni siquiera 3G. Busco al mozo y penso en preguntarle por el Wifi, pero con miedo de que el mozo mas bien le recuerde que ya estaban a punto de cerrar, intento averiguarla el mismo. Intento probando el mismo nombre del local, y funcionó. "La contraseña de los perezosos" penso Juan. Abrio la aplicacion de Facebook, y fue directamente al contacto de Vera. Habia algo, Vera habia compartido una Ubicacion antes de ayer a las seis de la tarde. Decia "Vera se siente feliz - en el Aeropuerto de Ezeiza". De vacaciones? con quien??, seria con ese compañero de trabajo que siempre andaba dando vueltas?? o con el noviecito de la secundaria que aparecio de golpe un buen dia gracias a las redes sociales?. No sabia pero del fastidio apago el celular y decidio que era hora de volver a casa. Pidio la cuenta y salio del lugar.

El frio le corto la cara, eran casi las dos de la mañana y corrientes seguia inalterable, llena de gente caminando y autos que van y vienen "vivir aca debe ser un infierno" penso Juan que buscaba con la mirada un taxi vacio. Se acomodo la bufanda para que le tape la boca, y camino en direccion al obelisco, una, dos, tres cuadras y de los taxis ni noticias, seguro que en cerrito algun taxi conseguia. Siguio caminando y mascullando la bronca. Llegó a cerrito y se paro en la esquina, pero en la esquina anterior ya le pararon un taxi que venia libre. Definitivamente no era su mejor momento. Camino por Cerrito a paso firme y recordo que cerca habia un hotel, seguramente habria una parada de taxi y alguien lo levantaria.
Finalmente cerca del hotel un taxi lo levanto, generalmente a Juan le gustaba charlar con los taxistas, les preguntaba como iba el laburo, como los trataba el transito, que tal los pasajeros. Le fascinaba la idea de que eran sus propios jefes (algunos) y que pueden andar todo el dia en la calle, y si bien algunos son personajes otros tienen una filosofia sobre las cosas de la vida algo interesante. Pero en este momento Juan no estaba de humor para un viaje de ese estilo. Queria mirar por la ventana y permanecer en silencio, ni siquiera queria seguir pensando.
-¿Sigo derecho? digo por que no me dijo donde quiere ir joven- dijo el taxista mirandolo por el retrovisor.
- ah si disculpe, si vamos a Santa fe y Ecuador.- Juan miro al taxista por el retrovisor y le parecio notar que tenia un ojo morado, sin tiempo de preguntarle el taxista delineo el camino- Bueno te parece agarramos avenida de mayo, hasta uriburu, de ahi derecho hasta santa fe y  ahi te dejo sobre santa fe? o sobre Ecuador? - si dejeme sobre Santa Fe, esta bien- tuvo que preguntarle por el ojo- digame que le paso en el ojo? lo quisieron robar? - el taxista lo miro por el retrovisor y realizo algo parecido a una sonrisa - Ojala pibe, no, mira si te lo cuento no me vas a creer, yo todavia no entiendo bien que paso- Juan penso que se venia uno de esos cuentos de taxista donde el salvo a una mujer de un secuestrador y termino con la mina en un telo- mira levanto un pasajero en matienzo y soldado de la independencia, mas o menos te ubicas? - "que importancia tiene la ubicacion?" penso Juan - si si mas o menos conozco - bueno, levante a un pibe mas o menos como vos. Me dice "voy a paseo colon y alsina", eran las diez de la mañana, bueno arrancamos lo mas bien, libertador a la altura de el museo de bellas artes se congestiona un poquito, pero lo grueso viene mas adelante. Como siempre quilombo en el ministerio de trabajo y estaba todo cortado, pero nosotros estabamos hasta las manijas asi que no me podia mover. Yo lo relojeaba al flaco por el retrovisor y veia que estaba un toque nervioso, y pense que le pasaba algo asi que para que le pregunte que le pasaba. No sabes como se puso el tipo, me empezo a putear, y entonces yo le dije "que queres flaco que vuele?" y ahi me empezo a largar manotasos como loco, y uno me lo encajo en el ojo, yo casi que no me pude defender, agarre la traba del volante y mas o menos el tipo reculo y se bajo del taxi y se fue corriendo por el medio de la calle. No si la gente esta mal pibe. Tan todos muy tensos. Es este gobierno viste, la gente esta bajo mucha presion, ese ministro de Economia esta haciendo todo mal hermano, nos venimo a pique -  Juan quedo pensando en el altercado en la pizzeria y se lo comento al taxista que asentia, y penso en contarle todas las  estupideces que hace su jefe para darle mas la razon, pero prefirio llamarse a silencio. Finalmente terminaron charlando, el taxista vivia en ramos mejia, se llamaba Jorge y le preferia laburar de noche, tenia dos hijas y tres nietos, y ya estaba a punto de dejar el taxi.

Juan se bajo en la esquina de Santa Fe y Ecuador, tenia que caminar media cuadra hasta su departamento. Saludo a Jorge con un "hasta luego" y se volvio a emponchar para soportar el frio en la media cuadra que le quedaba.

lunes, 9 de febrero de 2015

3

La calle corrientes de noche era un lugar absolutamente bipolar. Por un lado las luces, la gente que va a ver los espectaculos bien vestida y alegre, el trafico insesante, y el obelisco que se ve en todo momento coronando el cuadro porteño. Por otro estaba la marginalidad absoluta, la gente tirada en la calle, los oportunistas, la gente revolviendo la basura, los borrachines de los bares aledaños, la basura tirada en la calle, y los carteles de prostitutas vip empalando cada centimetro cuadrado dispinible. Aun asi a Juan le gustaba.
 Entro a la pizzeria y fue directamente a la barra, se ubico en su lugar de siempre y saludo a los muchachos que atienden. El lugar estaba lleno, y cuando estaba lleno era bastante ruidoso. Ruido de platos, vasos, gente charlando, carcajadas y la tele de fondo. Las paredes estaban pintadas con frases como "Moscato, pizza y faina", o "Maestro Pizzero: Luca Bianchi" con letras fileteadas como en los colectivos, y en el aire se podia sentir un olor mezcla de aceite y muzzarela que era imposible que no hiciera salivar. En el medio la gente. Algunos esperaban para entrar a la funcion de las diez y otros salian de la funcion de las ocho y comentaban la obra. Hacia facil 10 años que Juan no iba al teatro, era una salida que le gustaba hacer con Vera, y recordaba haber comido en este Kentucky por primera vez con ella. Seria por eso que le gustaba tanto?, uno de los muchachos que atendia se hizo oir por encima de el bullicio y consulto a Juan: - Lo de siempre Juancito?! - Dale! gracias!- contesto Juan.
Lo de siempre consistia en tres porciones de pizza, una de fugazza con queso y dos de muzzarella, acompañado de una empanada de Jamon y queso y otra de carne fritas "como deben ser la empanadas" segun Juan.
Primero las empanadas, doradas, con esas ampollas reventadas del calor del aceite, el queso y el jamo procesados dentro, Juan la mordio y la masa se inflo como a punto de estallar, luego el queso casi que se escapo de andentro. Estaba caliente pero Juan disfruto de ese sabor unico. La de carne era otra cosa, mucho jugo, y chorreaba por todos lados. Tomo una servilleta de esas que no limpian nada por que el aceite parece resbalarse de sus superficie en lugar de ser absorbido. Luego el plato principal, las tres porciones de pizza, la de cebolla y las dos de muzzarella. El queso derretido, aceitoso, la masa gruesa y crocante por debajo pero esponjosa en el medio.

Era el cielo. Juan degustaba la pizza cuando el maestro empanadero, seguramente en un pequeño descanso de su ardua labor se acerco como siempre a charlar con el.
-Pibe! como va? todo bien? la economia?? que decis compramos dolares no compramo? - todo el mundo que sabia que trabajaba en el ministerio le preguntaba lo mismo.
 La gente pensaba que como uno trabajaba ahi se enteraba de todas las novedades financieras antes que nadie, y la realidad era que uno era el ultimo en enterarse. Inclusive un compañero de Juan (un chanta eterno del ministerio) cuando fue el dia del corralito el tuvo que convocar a todos los banqueros, les armo el salon con lapicera y carpetitas membretadas, les pidio masitas y sanguchitos, y ni siquiera sabia para que. Le quedaron los ahorros de toda su vida en el banco. 

-Bien todo tranca, compra dolares por las dudas! que se yo...aca como va la cosa??

- Y bien, vos sabes que el negocio de la pizza no va a morir nunca, pero la gente se la ve ofuscada, molesta, como esta todo en el pais, viste?, pero bueno aca le ponemo' el pecho a las balas - sonrio y lanzo una carcajada- y? que me decis todos los jugadores que trajo boquita? le rompemos el culo a todos este año eh!

-Minimamente viejo! con todo lo que gastamos. Faltan pibes que salgan de la cantera- Juan tenia la misma conversacion, dia tras dia. Siempre los mismos temas. El pais, la economia, Boca y ahora venia...-que tiempo loco este! cuando se ira el frio pucha! - listo todos los temas de conversacion tocados, la respuesta de Juan fue la misma de siempre - prefiero el frio al calor, con el frio me abrigo y listo con el calor puedo estar en pelotas que voy a seguir sintiendo calor, aparte...- un estruendo interrumpio a Juan, el maestro empanadero dirigio su mirada a la izquierda del local. Lo que nunca, dos tipos se trensaron en una pelea, los mozos acudieron rapidamente a separarlos pero ya una mesa se habia caido, con vasos de cerveza incluidos , y la pizza de los vecinos de mesa estaba en el suelo. - Ah visto vo'! no si la gente esta muy tensa viejo, este gobierno de mierda...
El espectaculo era digno de un copetin al paso en alguna estacion de tren perdida, pero en este caso era en medio de una pizzeria centrica. Nadie supo decir porque se peleaba esos dos. Juan termino sus porciones de pizza, miro el reloj ya casi eran las once de la noche. Tomo lo que le quedaba de su coca cola y pago. Enfundo su sobretodo mientras miraba a los dos contendientes, uno tenia sangre en la nariz y el otro todavia lo insultaba a la distancia con una ferocidad inusitada. Juan penso "que loco de mierda, todavia tengo tiempo de pasar por la libreria antes que cierren", ese era otro lugar de paso obligado, Juan pasaba por la libreria de enfrente de la estacion de subte para buscar algun que otro clasico. Ultimamente estaba leyendo bastante, y si bien tenia el kindle, ya extrañaba el olor de un libro.

Afuera el frio arreciaba, estaba oscuro y practicamente la calle era iluminada por las marquesinas de los teatros. La gente hacia cola afuera todavia. Juan cruzo corrientes, miro de refilon el localcito de bonafide que todavia estaba abierto y penso en un cafecito, pero primero lo primero. Cruzo parana y camino media cuadra hasta la libreria que permanecia abierta. Las mesas repletas de libros, y Juan buscaba pensando en que queria leer hoy. En animo de que estaba? la ultima vez fue Cementerio de Animales de Stephen King. Le duro dos semanas. El invierno lo impulsaba a leer cosas de terror, de misterio, pero a el siempre le gustaron esas historias. Las cosas fantasticas lo podian tambien. Sin duda eso fue influencia de su madre que leia a destajo muchas veces con el sentado en su regazo. Cortazar, Borges, Bioy Casares, King, Bradbury desfilaban delante de sus ojos. Ahora miraba las tapas de los libros acostados en la mesa. Habia que buscar bien, algun que otro clasico siempre anda perdido. El buscaba hace tiempo "la invencion de Morel", no podia encontrarlo. El dueño del local, leia sentado detras de la caja registradora. Con una bufanda y un pullover, los anteojos caidos sobre la punta de la nariz. Juan siempre muy educado y tratando de no molestar pregunto suavemente - Buenas noches, disculpe...- el señor levanto los ojos despacio y miro a Juan -que tal querido, decime...- Mire estoy buscando "La invencion de Morel"-
El señor parpadeo miro hacia arriba como buscando en su memoria donde estaba - perate porque hace poquito vendi uno, igual me entro una edicion del diario La Nacion que no es muy buena, vos que buscabas alguna edicion en particular?- Juan sintio algo de esperanza, lo habria encontrado al fin? - No no culaquier edicion esta bien, hace bastante lo busco- Mjum- dijo el señor mientras se bajaba del taburete y comenzaba a caminar entre las mesas. Se detuvo en una, miro hizo un gesto negativo con la cabeza y se arrodillo, metio la mano en los estantes del costado de la mesa y saco un libro. - Aca esta, es esta edicion que te digo, no es muy buena, y esta encuadernada con moco, esta 120 mangos- dijo el señor extendiendo el libro hacia Juan.
- No dale me llevo este, esta bien- Hay otra edicion de Emece, esta mas linda, puedo pedirte uno me lo traerian en dos semanas mas o menos, sale 270 pesos- . Juan lo queria ya, no le importaba la edicion ni nada. - No deje en serio gracias, me llevo este.
Juan salio desesperado, el local de bonafide todavia estaba abierto, hoy era viernes asi que mas o menos hasta las dos de la mañana estaban. Vio a los empleados desde afuera detras del mostrador charlando tranquilos, Juan cruzo la calle a paso rapido, el frio le helaba las manos, ya podia sentir el cafecito calentito, y alguna cosa dulce mientras ojeaba el libro.

2

Las 20:30. Juan comenzo el ritual del final de dia. Cerro la agenda, el excel, mail, firefox y apago la computadora. Mientras se apagaba, se levanto a buscar su sobretodo, habia que apagar las luces de la oficina y la fotocopiadora. Cerrar todos los muebles (como si alguien quisiera robarse un bibliorato) y cerrar la puerta con llave a la salida. Listo estaba afuera de la oficina. En el pasillo no habia otra cosa que silencio. Los pasillos del ministerio eran enormes, mas a esta hora del dia. Habia poca gente, a lo sumo algunos de la biblioteca del segundo piso, gente en las oficinas del piso siete que hacian el tema de liquidaciones y generalmente se quedaban un poco mas junto con la tesoreria que dejaba a alguien de guardia. Juan disfrutaba este momento, caminar solo. El eco de sus pasos, el silencio, el sonido de los ascensores vacios con la puerta abierta esperando a alguien. Le daba tiempo de pensar. Inclusive jamas bajaba los tres pisos que lo separaban de la salida en ascensor. Siempre utilzaba la escalera, y trataba de tardar lo mas posible. Que tenia que hacer con tanta urgencia como para salir volando hacia su departamento de soltero?. A veces iba hasta el cajero que esta en el subsuelo para perder mas tiempo. Ni siquiera para sacar plata, habia dias en que esperaba para ir al cajero a pagar las facturas de servicios.
Juan camino por el pasillo, paso frente a las oficinas cerradas, llego hasta el final doblo a la derecha y otro pasillo largo se extendia bajo sus pies. Debia simplemente transitarlo y llegaria a donde estaban las escaleras y los ascensores. Al fondo del pasillo estaba la puerta del area privada. Una pesada puerta de acrilico, con un sistema de cerradura electronica que se abria al presentar la credencial de empleados. Ahi  estaba ubicado el despacho del señor Ministro de Economía de la Nación, Eduardo Rojo Vibot. El jefe de Juan, no el directo directo, pero su jefe. El individuo por el cual se despertaba a horas inhumanas para buscarlo en ezeiza cuando llegaba de algun viaje, por el cual viajaba en auto infinidad de quilometros para asistirlo en alguna provincia. El trabajo de Juan, como el de sus compañeros, era el mas ingrato del Ministerio: ceremonial. Son los "cadetes de lujo" segun decia su jefe. Ellos tenian que asistir a los funcionarios en actos, audiencias, viajes. Tratar de hacerles la vida lo mas simple posible, para que ellos no tengan que pensar mas que en esa reunion o ese acto en el que tienen que hablar y mentir. Todo eso y ni siquiera el ministro se sabia sus nombres. Ellos eran "esa gente que siempre esta en el lugar indicado. Aunque el trabajo tenia sus beneficios, como viajar no solo por el interior del pais sino por algunas partes del mundo. A Juan, en su buena epoca, le habia tocado viajar a Japon, Rusia, China. Buenos momentos.

Cuando Juan estaba por llegar al final del pasillo, la puerta del area privada se abrió rapidamente. Salio el ministro hablando por celular. Casi lo atropella a Juan, le paso por al lado sin nisiquiera reparar en su existencia. Detras a paso ligero Gonzalo su secretario (quien tambien ignoro a Juan), y mas atras Marcelo el custodio quien en medio de las indicaciones que daba por radio se hizo un segundo para reparar en Juan y amistosamente lanzo un saludo "Juancito querido!". Juan devolvio el saludo con una sonrisa y un gesto, vio pasar a los tres apurados y se dirigió a las escaleras pensando en como le hubiese gustado decirle "EH! que no me ves aca parado!? soy el boludo que esta todas las veces que volves con tu mujer de hacer compras en Miami parado al lado de la manga los Sabados a las 5 de la mañana, podrias al menos decirme "hola" ". Juan bajo los tres pisos mascullando la bronca. En la salida de hipolito yrigoyen ya no quedaba casi nadie, una sola chica miraba al vacio con la mente en blanco. Juan marco su tarjeta en el molinete y saludo con un vacio "chau hasta mañana" que no fue correspondido.

En la calle hacia frio, habia llovido y la calle estaba mojada. El destino ahora era el Kentucky de la calle corrientes, ya sabia que iba a pedir, siempre pedia lo mismo, hoy no seria la excepcion. Cruzo la plaza de mayo, en busca de la estacion del subte D. El camino era simple, tomaba el D en la estacion Catedral y se bajaba en 9 de Julio para luego hacer combinacion con el B y bajarse en Uruguay. Ahi caminaba simplemente media cuadra y en la otra esquina le esperaba su pedazo de pizza y su empanada perfectamente frita de todos los dias. El viento frio casi que le cortaba la cara, esta era su epoca favorita de Buenos Aires, le encantaba caminar con el frio. Le gustaba ver a la gente, le gustaba abrigarse.

Mientras que cruzaba la plaza ya no habia ni vendedores, habia apenas algunos turistas sacandose fotos frente a la casa rosada indiferentes a lo que realmente le significaba al pueblo ese edificio. Juan trataba de apurar el paso, la plaza estaba oscura. Sorteo las rejas que la dividen en dos y comenzo a caminar en diagonal hacia la catedral. Mientras esperaba para cruzar en la vereda de la catedral vio a un hombre gordo, mal vestido, con unas zapatillas rotas, una camiseta blanca sucia y un joggin gris gastado que apenas se sostenia. El hombre tenia una barba raleada blanca y estaba casi pelado, desde la otra vereda lo miraba a Juan, y Juan lo miraba a el. El hombre en su mano izquierda sostenia una bolsa y parecia estar esperando a que Juan cruce. El semaforo dio verde para cruzar y Juan comenzo a caminar obvervando al hombre que al ver que Juan intentaba esquivarlo comenzo a tratar de acercarce a el para poder interceptarlo. Juan apuro el paso a medida que se acercaba a la vereda, el hombre tambien lo hizo y tiro la mano para agarrarlo del brazo, Juan logro esquivarlo y el hombre le grito - Pará flaco! no te asustes!, veni- sonrio amablemente y al instante su mirada afable cambio a una mirada desprovista de toda humanidad - No tenes nada para comer hijo de puta?- Juan que en ningun momento dejo de caminar simplemente le pidio perdon y dijo que no. Pero esa mirada fria y llena de odio le llego hasta los huesos. De que eramos capaces? podiamos ser civilizados y amables un momento y al segundo bestias??, Juan se hundio en la boca del subte con ese pensamiento. No tenia ni idea que en un mes comprobaria su pensamiento.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

1

"Take on me" dijo en voz baja sin ni siquiera darse cuenta. El cantante de la banda sueca repetia
So needless to say
I'm odds and ends
But that's me stumbling away
Slowly learning that life is OK

La cancion era un rumor, un sonido distante, fuera de foco, indistinto. (Otra vez Take on me), penso Fraga esta vez en silencio. (Cuantas veces pueden pasar las mismas canciones?)completo con desden. Afuera seguia lloviendo, seguia porque hacia una semana que no paraba. La calle corrientes parecia ni preocuparse por la lluvia. Gente que subia y bajaba de los taxis, de los autos, de los colectivos. Fraga volvio a mirar el monitor de su pc. Navegaba por las mismas paginas una y otra vez, en un ciclo interminable. La pequeña y oscura oficina que lo rodeaba estaba practicamente vacia. Solo dos personas mas acompañaban a Juan, que mirando por encima de su monitor, observo que estaban preparandose para partir. Claudia estaba guardando su tupper en su bolsita de caro cuore, y Sebastian estaba apagando la computadora. A Fraga todavia le quedaba una hora mas. Desde que Vera lo habia abandonado, Juan no queria pasar mucho tiempo en el departamentito que un conocido de su jefe le alquilo de apuro. Entonces al mismo tiempo que su jefe le hacia ese favor, el le pidio horas extra, que por un lado lo ayudarian con los gastos (que ahora los tendria que soportar el solo) y por el otro lo mantendria fuera de su "casa". "Chau Juancito, nos vemos mañana, cuidate" dijo Claudia acercando los labios al cachete barbudo de Fraga. (Cuidate de que? penso Fraga), "Si mañana nos vemos" (y todo se va a repetir). La sensual morocha se fue contoneando el trasero, tomo su piloto que estaba colgado del perchero desvensijado y salio por la pequeña puerta. "Che mañana con quien juegan?" dijo Sebastian en un intento de entablar una conversacion agradable antes de irse y dejarlo solo a Juan, como una forma de sentirse menos culpable. "Contra Gimnasia", "vas a la cancha?", "no, juega en el bosque, ademas no tengo con quien ir", "eeeh podriamos ir alguna vez no??". "Pero vos sos hincha de newells, que vas a hacer viendo a Boca?", "y pero de paso veo a Roman, vamos nos cagamos de risa un rato, nos comemos una pizza, vos sabes que a mi me gusta todo el futbol. Bue che, nos vemos mañana entonces, pensalo". "Dale te aviso". Dale te aviso, esa frase era lo mismo que decir "Olvidate, no va a pasar nunca". Y ojo, no es que Juan no quiera a Sebastian. No, de hecho es el unico con el que tiene una "relacion amistosa" dentro de la oficina. Tienen algunos gustos en comun, como el futbol, algunas pelis y alguna que otra vez compartieron una cerveza en la Kentucky de corrientes y Parana. El santuario de Juan. Otro habito que adopto despues de lo de Vera. Antes de volver a su casa, paraba en ese lugar. Se comia unas porciones de pizza. Dos para ser preciso, una de fugaza y otra de muzzarella, mas dos empanadas una de carne y una de jamon y queso. Juan disfrutaba mucho de ese momento. Le gustaba ver a la gente que iba a los teatros, a los grupos de amigos que hacian su reunion mensual, ya casi que conocia a muchos habitues. El mismo se convirtio en un habitue, teniendo charlas con el "maestro empanadero" sobre futbol, la vida, etcs. El tema con Sebastian era un tema de Juan. Todavia no estaba de animo para generar un nuevo amigo. Sebastian cerro la puerta y la oficina termino de parecer un lugar lugubre. Computadoras apagadas, luces apagadas, solo Juan y su computadora. Eran las 19.30, hasta las 20.30 no se iba.