Las 20:30. Juan comenzo el ritual del final de dia. Cerro la agenda, el excel, mail, firefox y apago la computadora. Mientras se apagaba, se levanto a buscar su sobretodo, habia que apagar las luces de la oficina y la fotocopiadora. Cerrar todos los muebles (como si alguien quisiera robarse un bibliorato) y cerrar la puerta con llave a la salida. Listo estaba afuera de la oficina. En el pasillo no habia otra cosa que silencio. Los pasillos del ministerio eran enormes, mas a esta hora del dia. Habia poca gente, a lo sumo algunos de la biblioteca del segundo piso, gente en las oficinas del piso siete que hacian el tema de liquidaciones y generalmente se quedaban un poco mas junto con la tesoreria que dejaba a alguien de guardia. Juan disfrutaba este momento, caminar solo. El eco de sus pasos, el silencio, el sonido de los ascensores vacios con la puerta abierta esperando a alguien. Le daba tiempo de pensar. Inclusive jamas bajaba los tres pisos que lo separaban de la salida en ascensor. Siempre utilzaba la escalera, y trataba de tardar lo mas posible. Que tenia que hacer con tanta urgencia como para salir volando hacia su departamento de soltero?. A veces iba hasta el cajero que esta en el subsuelo para perder mas tiempo. Ni siquiera para sacar plata, habia dias en que esperaba para ir al cajero a pagar las facturas de servicios.
Juan camino por el pasillo, paso frente a las oficinas cerradas, llego hasta el final doblo a la derecha y otro pasillo largo se extendia bajo sus pies. Debia simplemente transitarlo y llegaria a donde estaban las escaleras y los ascensores. Al fondo del pasillo estaba la puerta del area privada. Una pesada puerta de acrilico, con un sistema de cerradura electronica que se abria al presentar la credencial de empleados. Ahi estaba ubicado el despacho del señor Ministro de Economía de la Nación, Eduardo Rojo Vibot. El jefe de Juan, no el directo directo, pero su jefe. El individuo por el cual se despertaba a horas inhumanas para buscarlo en ezeiza cuando llegaba de algun viaje, por el cual viajaba en auto infinidad de quilometros para asistirlo en alguna provincia. El trabajo de Juan, como el de sus compañeros, era el mas ingrato del Ministerio: ceremonial. Son los "cadetes de lujo" segun decia su jefe. Ellos tenian que asistir a los funcionarios en actos, audiencias, viajes. Tratar de hacerles la vida lo mas simple posible, para que ellos no tengan que pensar mas que en esa reunion o ese acto en el que tienen que hablar y mentir. Todo eso y ni siquiera el ministro se sabia sus nombres. Ellos eran "esa gente que siempre esta en el lugar indicado. Aunque el trabajo tenia sus beneficios, como viajar no solo por el interior del pais sino por algunas partes del mundo. A Juan, en su buena epoca, le habia tocado viajar a Japon, Rusia, China. Buenos momentos.
Cuando Juan estaba por llegar al final del pasillo, la puerta del area privada se abrió rapidamente. Salio el ministro hablando por celular. Casi lo atropella a Juan, le paso por al lado sin nisiquiera reparar en su existencia. Detras a paso ligero Gonzalo su secretario (quien tambien ignoro a Juan), y mas atras Marcelo el custodio quien en medio de las indicaciones que daba por radio se hizo un segundo para reparar en Juan y amistosamente lanzo un saludo "Juancito querido!". Juan devolvio el saludo con una sonrisa y un gesto, vio pasar a los tres apurados y se dirigió a las escaleras pensando en como le hubiese gustado decirle "EH! que no me ves aca parado!? soy el boludo que esta todas las veces que volves con tu mujer de hacer compras en Miami parado al lado de la manga los Sabados a las 5 de la mañana, podrias al menos decirme "hola" ". Juan bajo los tres pisos mascullando la bronca. En la salida de hipolito yrigoyen ya no quedaba casi nadie, una sola chica miraba al vacio con la mente en blanco. Juan marco su tarjeta en el molinete y saludo con un vacio "chau hasta mañana" que no fue correspondido.
En la calle hacia frio, habia llovido y la calle estaba mojada. El destino ahora era el Kentucky de la calle corrientes, ya sabia que iba a pedir, siempre pedia lo mismo, hoy no seria la excepcion. Cruzo la plaza de mayo, en busca de la estacion del subte D. El camino era simple, tomaba el D en la estacion Catedral y se bajaba en 9 de Julio para luego hacer combinacion con el B y bajarse en Uruguay. Ahi caminaba simplemente media cuadra y en la otra esquina le esperaba su pedazo de pizza y su empanada perfectamente frita de todos los dias. El viento frio casi que le cortaba la cara, esta era su epoca favorita de Buenos Aires, le encantaba caminar con el frio. Le gustaba ver a la gente, le gustaba abrigarse.
Mientras que cruzaba la plaza ya no habia ni vendedores, habia apenas algunos turistas sacandose fotos frente a la casa rosada indiferentes a lo que realmente le significaba al pueblo ese edificio. Juan trataba de apurar el paso, la plaza estaba oscura. Sorteo las rejas que la dividen en dos y comenzo a caminar en diagonal hacia la catedral. Mientras esperaba para cruzar en la vereda de la catedral vio a un hombre gordo, mal vestido, con unas zapatillas rotas, una camiseta blanca sucia y un joggin gris gastado que apenas se sostenia. El hombre tenia una barba raleada blanca y estaba casi pelado, desde la otra vereda lo miraba a Juan, y Juan lo miraba a el. El hombre en su mano izquierda sostenia una bolsa y parecia estar esperando a que Juan cruce. El semaforo dio verde para cruzar y Juan comenzo a caminar obvervando al hombre que al ver que Juan intentaba esquivarlo comenzo a tratar de acercarce a el para poder interceptarlo. Juan apuro el paso a medida que se acercaba a la vereda, el hombre tambien lo hizo y tiro la mano para agarrarlo del brazo, Juan logro esquivarlo y el hombre le grito - Pará flaco! no te asustes!, veni- sonrio amablemente y al instante su mirada afable cambio a una mirada desprovista de toda humanidad - No tenes nada para comer hijo de puta?- Juan que en ningun momento dejo de caminar simplemente le pidio perdon y dijo que no. Pero esa mirada fria y llena de odio le llego hasta los huesos. De que eramos capaces? podiamos ser civilizados y amables un momento y al segundo bestias??, Juan se hundio en la boca del subte con ese pensamiento. No tenia ni idea que en un mes comprobaria su pensamiento.
Juan camino por el pasillo, paso frente a las oficinas cerradas, llego hasta el final doblo a la derecha y otro pasillo largo se extendia bajo sus pies. Debia simplemente transitarlo y llegaria a donde estaban las escaleras y los ascensores. Al fondo del pasillo estaba la puerta del area privada. Una pesada puerta de acrilico, con un sistema de cerradura electronica que se abria al presentar la credencial de empleados. Ahi estaba ubicado el despacho del señor Ministro de Economía de la Nación, Eduardo Rojo Vibot. El jefe de Juan, no el directo directo, pero su jefe. El individuo por el cual se despertaba a horas inhumanas para buscarlo en ezeiza cuando llegaba de algun viaje, por el cual viajaba en auto infinidad de quilometros para asistirlo en alguna provincia. El trabajo de Juan, como el de sus compañeros, era el mas ingrato del Ministerio: ceremonial. Son los "cadetes de lujo" segun decia su jefe. Ellos tenian que asistir a los funcionarios en actos, audiencias, viajes. Tratar de hacerles la vida lo mas simple posible, para que ellos no tengan que pensar mas que en esa reunion o ese acto en el que tienen que hablar y mentir. Todo eso y ni siquiera el ministro se sabia sus nombres. Ellos eran "esa gente que siempre esta en el lugar indicado. Aunque el trabajo tenia sus beneficios, como viajar no solo por el interior del pais sino por algunas partes del mundo. A Juan, en su buena epoca, le habia tocado viajar a Japon, Rusia, China. Buenos momentos.
Cuando Juan estaba por llegar al final del pasillo, la puerta del area privada se abrió rapidamente. Salio el ministro hablando por celular. Casi lo atropella a Juan, le paso por al lado sin nisiquiera reparar en su existencia. Detras a paso ligero Gonzalo su secretario (quien tambien ignoro a Juan), y mas atras Marcelo el custodio quien en medio de las indicaciones que daba por radio se hizo un segundo para reparar en Juan y amistosamente lanzo un saludo "Juancito querido!". Juan devolvio el saludo con una sonrisa y un gesto, vio pasar a los tres apurados y se dirigió a las escaleras pensando en como le hubiese gustado decirle "EH! que no me ves aca parado!? soy el boludo que esta todas las veces que volves con tu mujer de hacer compras en Miami parado al lado de la manga los Sabados a las 5 de la mañana, podrias al menos decirme "hola" ". Juan bajo los tres pisos mascullando la bronca. En la salida de hipolito yrigoyen ya no quedaba casi nadie, una sola chica miraba al vacio con la mente en blanco. Juan marco su tarjeta en el molinete y saludo con un vacio "chau hasta mañana" que no fue correspondido.
En la calle hacia frio, habia llovido y la calle estaba mojada. El destino ahora era el Kentucky de la calle corrientes, ya sabia que iba a pedir, siempre pedia lo mismo, hoy no seria la excepcion. Cruzo la plaza de mayo, en busca de la estacion del subte D. El camino era simple, tomaba el D en la estacion Catedral y se bajaba en 9 de Julio para luego hacer combinacion con el B y bajarse en Uruguay. Ahi caminaba simplemente media cuadra y en la otra esquina le esperaba su pedazo de pizza y su empanada perfectamente frita de todos los dias. El viento frio casi que le cortaba la cara, esta era su epoca favorita de Buenos Aires, le encantaba caminar con el frio. Le gustaba ver a la gente, le gustaba abrigarse.
Mientras que cruzaba la plaza ya no habia ni vendedores, habia apenas algunos turistas sacandose fotos frente a la casa rosada indiferentes a lo que realmente le significaba al pueblo ese edificio. Juan trataba de apurar el paso, la plaza estaba oscura. Sorteo las rejas que la dividen en dos y comenzo a caminar en diagonal hacia la catedral. Mientras esperaba para cruzar en la vereda de la catedral vio a un hombre gordo, mal vestido, con unas zapatillas rotas, una camiseta blanca sucia y un joggin gris gastado que apenas se sostenia. El hombre tenia una barba raleada blanca y estaba casi pelado, desde la otra vereda lo miraba a Juan, y Juan lo miraba a el. El hombre en su mano izquierda sostenia una bolsa y parecia estar esperando a que Juan cruce. El semaforo dio verde para cruzar y Juan comenzo a caminar obvervando al hombre que al ver que Juan intentaba esquivarlo comenzo a tratar de acercarce a el para poder interceptarlo. Juan apuro el paso a medida que se acercaba a la vereda, el hombre tambien lo hizo y tiro la mano para agarrarlo del brazo, Juan logro esquivarlo y el hombre le grito - Pará flaco! no te asustes!, veni- sonrio amablemente y al instante su mirada afable cambio a una mirada desprovista de toda humanidad - No tenes nada para comer hijo de puta?- Juan que en ningun momento dejo de caminar simplemente le pidio perdon y dijo que no. Pero esa mirada fria y llena de odio le llego hasta los huesos. De que eramos capaces? podiamos ser civilizados y amables un momento y al segundo bestias??, Juan se hundio en la boca del subte con ese pensamiento. No tenia ni idea que en un mes comprobaria su pensamiento.
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